MEDITACIÓN DE LOS PRIMEROS
MISTERIOS GOZOSOS
En el principio Dios, Dios misterio de plenitud de ser, de luz de amor que se basta a sí mismo; nunca podremos sondear completamente éste misterio, incluso en el cielo. Nada hay más grande, más maravilloso, más deseable, más atrayente, Dios, y aunque Dios se baste a sí mismo, por pura gratuidad, por pura bondad, los tres deciden, en su vida divina crear otras personas; primero loa Ángeles, luego las personas para darles la alegría de participar de su felicidad eterna de su bienaventuranza que no cesa nunca y toda la creación incluso nosotros, provenimos de ésta voluntad libre de amor de las tres personas divinas. Es importante se concientes de que si existimos es por que Dios me ama de toda la eternidad, y por que quiere compartir su felicidad eterna con nosotros, ésta es mi primera vocación más fundamental. Dios me ha llamado a la existencia para que entre libremente en una alianza de amor con mi creador, que es mi fuente, mi fin.
En ésta historia maravillosa de nuestro creación de éste benévolo designio del creador, del Señor que nos quiere hacer partícipes de su bienaventuranza eterna, de su gozo, de su fiesta eterna; interviene un accidente, un desastre que es el pecado, y podemos leerlo personalmente en el relato del Génesis, incluso cuando las primeras personas humanas quieren bastarse de sí mismas negando a Dios que les diera El cumplimiento de su ser y de su vida. Cuando se niegan a recibir el ser y la vida de su fuente increada, los tres no abandonan su proyecto, siguen con su benévolo designio después del pecado del ángel y del pecado de Adán y Eva, los tres consumen el proyecto de salvación para rescatar al hombre y restablecerlo en la sobreabundancia del proyecto inicial. Este segundo proyecto, es aún más maravilloso que el primero.
Entramos en la tercera fase que es la historia de la salvación, éste proyecto de salvación de los tres empieza de una manera muy particular; la llamada a Abraham es el comienzo de una nueva etapa, el amor creador de las tres personas Divinas continúa y no se arrepienten. A través de Abraham y de su descendencia los tres quieren volver a empezar, volver a acabar de una manera aun más maravillosa que antes, por ello llegan los tres para visitar a Abraham y a Sahara su mujer y para pedirles su consentimiento a su proyecto de amor. El icono que contemplamos con los tres ángeles en una mesa; nos habla de ésta visita del capítulo 18 del Génesis.
“Yahvé se presentó a Abraham junto a los árboles de Mambré, mientras estaba sentado a la entrada de la tienda, a la hora más calurosa del día. Al levantar sus ojos Abraham vio a tres hombres que estaban parados a poca distancia. En cuanto los vio, corrió hacia ellos, y se postró en tierra diciendo: Señor mío si me haces el favor , te ruego que no pases al lado de tu servidor sin detenerte”.
Se habla de tres viajeros y sin embargo Abraham se dirige a uno solo, y todo éste relato éste relato está en singular y en plural, pasando de uno a otro sin transición, como si el autor no supiera si se trata de uno solo o de tres, la traducción patrística ha visto en éstos tres viajeros misteriosos que eran uno, que eran dos no se sabe muy bien; ha visto una prefiguración de la Santísima Trinidad, una visita que anunciaba la visita del Hijo de Dios a la humanidad, no era la encarnación de las tres personas Divinas, era una aparición de ángeles, pero ésta aparición de tres ángeles era como un símbolo, una prefiguración de las tres personas Divinas presentes a la historia del hombre.
“ Les haré traer un poco de agua para que se laven los pies y descansen bajo éstos árboles. Les haré traer un poco de pan para que recuperen sus fuerzas antes de proseguir su viaje, pues creo que para esto pasaron ustedes por mi casa. Ellos respondieron: “ Has como has dicho”.
Abraham fue rápidamente a la tienda, donde estaba Sahara, y le dijo: “ deprisa, tres medidas de harina, amásala y haz unas tortas. Luego él mismo corrió al potrero, tomó un ternero tierno y bueno y se lo entregó a un muchacho para que se lo prepare inmediatamente. Después tomó mantequilla, leche y el ternero ya cocido y se lo presentó a Ellos. El se quedó de pie a su lado, bajo el árbol, no se siente digno de sentarse con ellos. Ellos se pusieron a comer. Entonces le preguntaron:- ¿ dónde está Sahara tu mujer? Le dijo el huésped, El le respondió:- está dentro en la tienda”. ( El huésped, como si fuera uno solo).
Y es la promesa de la descendencia que es el principio de la historia de la salvación. A partir de Abraham, Dios se elige un pueblo con que puede hacer la alianza de amor, y ésta alianza de amor la empieza sentándose a la mesa preparada por su criatura. Abraham invita a las tres personas, pero en realidad es Dios quien invita a Abraham a su mesa de comunión, y Dios ha elegido al pueblo más pequeño, más miserable para ser el instrumento de su salvación, a éste pueblo Dios le va a dar una tierra, una ley, un Rey, le va a dar profetas, regalos innumerables, todo esto, para revelarle su proyecto de amor salvador, para operar en su seno, éste proyecto de amor. Pero vemos todo a lo largo de la sagrada escritura, que éste pueblo es rebelde, es un pueblo de dura cerviz, es un pueblo idólatra; y por eso a la plenitud de los tiempos, viendo que la primera alianza no podía bastar, los tres deciden intervenir de una manera más directa y en el seno de su consejo eterno que podemos contemplar en forma simbólica en el icono de la Santísima Trinidad. Los tres deciden el misterio increíble extraordinario de la encarnación de uno de los tres. Una de las tres personas Divinas se haría hombre; y es el Hijo que recibe la misión de venir y de manifestarnos la plenitud de su luz, la plenitud del amor de las tres personas Divinas, incluso quieren ir más lejos, no-solo quiere revelarles el misterio escondido de todos los siglos en Dios, sino también quiere darles la posibilidad de entrar para siempre en éste misterio, viene desde ésta mesa de las tres personas Divinas, desde éste banquete de amor que no tiene ni comienzo ni fin, viene para atraernos con El en ésta plenitud de vida de luz y de amor. Y qué misterio ésta decisión de las tres personas Divinas, que uno de ellos se hace hombre como nosotros para que podamos entrar para siempre en su vida de luz y de amor. Es un misterio de amor que nos sobrepasa totalmente, como no tenemos ni idea de lo que es éste proyecto y lo que E l nos prepara; es lo que el ojo del hombre no ha visto, el oído del hombre no ha oído, lo que Dios ha preparado para los que lo aman.
El Hijo debe hacer su morada entre nosotros y dar su tienda en nuestra tienda, para hacer de nosotros hijos de Dios, comunicándonos el Espíritu Santo y abriéndonos el camino del Padre. Este camino, éste don se hace a través de todos los misterios de la vida terrestre, del Verbo encarnado, el Hijo hecho hombre y sobre todo a través de su nacimiento, su pasión y glorificación.
¡O h abismo de la sabiduría y del conocimiento de Dios!, ¿ Quién puede escrutar éste misterio, quién lo puede sondear?.
Cuando nos crean y nos llaman a la vida, a la vida de los hijos de Dios, queremos volver a empezar, siempre admirarnos a maravillarnos de la ternura del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo hacia nosotros, queremos hacernos más concientes de todo lo que han hecho y siguen haciendo para hacernos participar ya desde ahora en su felicidad eterna, y podemos ahora contemplar unos instantes a través del ícono, éste misterio de las tres personas Divinas, de éste misterio, del festín de bodas, de ésta fiesta eterna que es un intercambio de amor increíble. El ícono mismo por sus líneas, sus colores, sus formas sugiere una comunión intensa, un intercambio de amor, un don mutuo de las personas; el Padre es don, el Hijo es don, el Espíritu Santo es la mutualidad del don; la ternura que les une, que cada persona emana fuerza y ternura, poder y al mismo tiempo vulnerabilidad. Es una fiesta del amor, sin comienzo, sin fin, que hoy el Señor nos convide a contemplar éste misterio a maravillarnos de ésta fiesta eterna, y al mismo tiempo atrevernos a entrar en ella, aceptar humildemente que somos limitados.
Jesús y María, han cumplido con éste
proyecto del Padre; y por eso vamos
a juntar dos caminos de oración, incluso tres caminos, el Padre Nuestro y el
Rosario y con el Rosario la oración de Jesús. Cada uno de éstos caminos de
oración ya en sí es una fuente, una mira de contemplación del misterio
insondable del benévolo designio de las tres personas Divinas. EL Espíritu
Santo nos lleva a poner éstos dos caminos, el Padre Nuestro y el Rosario como
en una sinapsis y buscar como armonía entre los dos para que surjan luces
nuevas. Las dos oraciones se denominan mutuamente y nos dan su secreto de una
manera nueva, y en el fondo de esto no es nada extraño, Jesús ha enseñado a
sus discípulos a orar, no solamente con palabras humanas, sino sobre todo
proponiéndoles de entrar en su propia relación filial vuelta hacia el Padre y
vivida en el Espíritu de amor. El Rosario nos hace pasar por toda la vida de
Jesús. El Padre Nuestro nos enseña a confiar en el nombre del
Padre. Siguiendo éste itinerario a cada etapa de la vida de Jesús, El
ha pronunciado el nombre de su Padre, pero con acentos particulares. Cuando
pronuncia el nombre del Padre en la cruz, esto no tenía la misma resonancia,
que cuando lo pronuncia en el Templo cuando tenía 12 años.
PADRE, nos conduce a contemplar el misterio de la anunciación, cuando el Hijo toma carne en el seno de la Virgen, en el instante que María da consentimiento desde su libertad al Ángel.
“ HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR HAGASE
EN MI SEGÚN TU PALABRA”.
Desde el hágase de María, el fiat, el Verbo de Dios eterno está presente en un embrión pequeño, en el seno de la Virgen y lo que ha hecho desde toda la eternidad, lo que hace desde toda la eternidad, el Hijo es decir Padre, contemplar al Padre en un acto de amor, El es ese acto de amor, Padre. El sigue haciéndolo desde el seno de la Virgen, sigue diciéndolo continuamente ABBA, Padre, porque es el Hijo de Dios, y no puede pasar ni un instante sin invocar a su Padre en un amor infinito.
La segunda palabra del Padre Nuestro es, nuestro, éste nuestro nos puede revelar las profundidades ocultas del misterio de la visitación, que nos manifiesta de cierta manera la primera célula eclesial de la primera comunidad de personas que están juntos en torno al Hijo de Dios hecho carne y pueden decir juntos, Padre Nuestro.
Las palabras siguientes, que está en el
cielo, nos hablan del misterio de la encarnación del Hijo del Padre invisible
que está en el cielo, se hace visible en su Hijo que nace de la Virgen, es el
cielo que baja a la tierra, el inaccesible se hace accesible. Ahora vamos a
penetrar en éste intercambio con las tres personas divinas y también con María;
la primera que Dios interpeló, interrogó en éste camino de la divinización
que llegan a vivir de la vida de Dios. El misterio de la Anunciación nos hace
entrar en ésta correspondencia maravillosa que el Espíritu establece en el
Padre Nuestro y el Rosario; y nos maravillamos hoy que el hombre pueda atreverse
a llamar a Dios, que es otro inaccesible, que lo puedan llamar Padre. En el
Antiguo Testamento no era nada habitual llamar a Dios Padre; el Dios de
Israel era sobretodo el Dios todopoderoso cuya trascendencia era absoluta; solo
más tarde que el pueblo empieza a llamar a Dios como su Padre, como su autor.
Se ve por ejemplo en Isaías, capítulo 63,64:
“ SEÑOR TU ERES NUESTRO PADRE, NOSOTROS
SOMOS LA ARCILLA Y TU NUESTRO ALFARERO SOMOS LA OBRA DE TUS MANOS.”
Es en la situación de miseria y de pecado de infidelidad que el pueblo invoca a la ternura paterna de su Dios. En el fondo el Antiguo Testamento nos revela que el pueblo tiene muchas dificultades, le cuesta mucho vivir la verdadera relación filial con su Dios, y por eso Dios mismo propone una nueva alianza, donde Él pondrá su ley en el fondo de su corazón y esto empieza a realizarse de forma perfecta en el momento de la Anunciación; en el fondo todo el itinerario del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento revela el problema fundamental, para el hombre, éste problema fundamental es cómo llamar a Dios Padre, con un corazón de hombre, con un corazón limitado, ciego, pecador. La Anunciación es la respuesta a nuestra impotencia a pronunciar éste nombre por pura sobreabundancia de amor, por pura gratuidad, por pura liberalidad, el Padre va a la Virgen a Jesús, su Hijo amado, el que es desde siempre en su seno paterno, el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre, éste Hijo que está eternamente en el seno del Padre viene a vivir corporalmente en el seno de María pone su morada, su tienda entre nosotros y desde el seno de la Virgen por primera vez desde la creación del mundo se eleva éste grito tan puro completamente amoroso, se eleva por primera vez de un corazón humano, éste grito ABBA Padre, y aquí que nos invita el Señor a contemplar lo que pasa cuando el Hijo se encarna, y lo hacemos empezando por el Padre Nuestro Rosario; éste primer momento donde en la historia de salvación un corazón de hombre puede con toda verdad, pronunciar el nombre bendito del Padre con una intensidad de amor que nunca se había encontrado, la intensidad de amor que corresponde con éste nombre bendito, pasa dentro de María y gracias a María. Ella no solamente es el lugar donde puede salir éste grito en toda su pureza, por primera vez en la historia de la salvación, pero María también es un instrumento de éste acontecimiento y si es así en el momento de la Anunciación, acaso no será todavía así, no será María todavía el lugar y el instrumento necesario para que desde la humanidad pueda brotar el nombre del Padre, pueda elevarse el nombre del Padre, María está siempre presente cuando nuestros corazones fecundos por el Espíritu del Hijo, dice, ABBA, Padre.