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MEDITACION DE LA SOLEDAD DE MARIA

 

Composición de lugar

 

Palidecidas las rosas

De tus labios angustiados;

Mustios los lirios morados

De tus mejillas llorosas;

Recordando las gozosas

Horas idas de Belén,

Sin consuelo y sin bien

Que su soledad llene...

¡Miradla por donde viene,

Hijas de Jerusalén!

 

Meditación

 

Virgen de la soledad:

Rendido de gozos vanos,

En las rosas de tus manos

Se ha muerto mi voluntad.

Cruzadas con humildad

En tu pecho sin aliento,

La mañana del portento,

Tus manos fueron, Señora,

La primera cruz redentora:

La cruz del sometimiento.

Como tú te sometiste,

Someterme yo quería:

Para ir haciendo mi vía

Con sol claro noche triste.

Ejemplo santo nos diste

Cuando, en la tarde deicida,

Tu soledad dolorida

Por los senderos mostrabas:

Tocas de luto llevabas,

Ojos de paloma herida.

La fruta de nuestro bien

Fue de tu llanto regada:

Refugio fueron y almohada

Tus rodillas, de su sien.

Otra vez, como en Belén,

Tu falda cuna le hacía,

Y sobre Él tu amor volvía

A las angustias primeras...

Señora: si tú quisieras

Contigo lo lloraría.

 

Coloquio

 

Por tu dolor sin testigo,

Por tu llanto sin piedades,

Maestra de soledades,

Enséñame a estar contigo.

Que al quedarte Tú conmigo,

Partido

Ya de tu veras

El hijo que en la madera

De la Santa Cruz dejaste,

Yo sé que en Tí lo encontraste

De una segunda manera.

En mi alma. Madre, lavada

De las bajas suciedades,

A fuerza de soledades,

Le estoy haciendo morada.

Prendida tengo y colgada

Ya mi cámara de flores.

Y a humear por los alcores

Por si llega el peregrino

He soltado en mi camino

Mis cinco perros mejores.

Quiero yo que el alma mía,

Tenga, de sí vaciada,

Su soledad preparada

Para la gran compañía.

Con nueva paz y alegría

Quiero, por amor, tener

La vida muerta al placer

Y muerta al mundo, de suerte

Que cuando venga la muerte

La quede poco que hacer.

 

Oración final

 

Pero en tanto que El asoma,

Señor, por las cañadas,

¡por tus tocas enlutadas

 y tus ojos de paloma!

Recibe mi angustia y toma

En tus manos mi ansiedad

Y séame, por piedad,

Señora del mayor duelo,

Tu soledad sin consuelo

Consuelo en mi  soledad.

 

                                  JOSE MARIA PEMAN

                                   (Español-Siglo XX)

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